lunes, 29 de mayo de 2017

- Anhelo del cielo

¿Piensas alguna vez en el cielo? Estos pastorcillos, seguro que sí.
El 13 de Mayo 2017 el papa Francisco canonizó en Fátima a los pastorcillos Jacinta y Francisco; dijo el Papa: “Tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a Jesús oculto en el Sagrario”.
  Conmueve pensar en Francisco y Jacinta. Esos dos niños conmovidos por el amor de una Madre que les había mostrado toda su belleza. Tienen el corazón abierto. Se dejan cuidar por María como su Madre espiritual. Sus vidas cambian.
  El papa Francisco comenta: “En Fátima la Virgen ha escogido el corazón inocente y la simplicidad de los pequeños Francisco, Jacinta y Lucía, los depositarios de su mensaje. Estos niños lo han acogido dignamente, y son reconocidos como testigos fiables de las apariciones, convirtiéndose en modelos de vida cristiana”.
  Estos dos niños, siendo tan pequeños, se convierten en modelo de vida cristiana. Modelo para todos los cristianos. Modelo siendo los niños más pequeños canonizados sin haber sufrido el martirio. Modelo por su forma de mirar, de vivir, de sufrir y enfrentar la enfermedad. Por su mirada pura. Por su inocencia intacta. Por su fortaleza en el dolor.
Nunca se quejaban en medio de su enfermedad. Y siempre pensaban en los que sufrían y en Jesús al que querían consolar. Ofrecían todo por ellos. Sus dolores, sus renuncias. Cargan así sobre sus débiles hombros el mundo entero. Saben que lo que ellos no aporten no lo hará nadie en su lugar.
  Me conmueven su mirada inocente, su fortaleza, su alegría y su pasión. Siguen siendo niños pero ya son adultos maduros en la forma de vivir su fe. Y ven el cielo reflejado en la tierra. Descubren el paso de Dios caminando entre ellos. Gracias a las apariciones cambia su vida para siempre, su percepción del mundo.
  Y veo a estos niños que saben entregar su corta vida con alegría, pensando en Jesús que sufre y en los pecadores que necesitan conversión. Renuncian a los placeres inmediatos. Aceptan con alegría cualquier sacrificio. No se asustan ante el final de sus días en esta tierra. No se rebelan contra una enfermedad injusta.
  El encuentro con esa bella mujer los ha cambiado por dentro, los ha hecho niños en los brazos de Dios. Verdaderamente niños inocentes y confiados. A partir de ese encuentro están dispuestos a adorar a Dios, a esperar siempre contra toda esperanza, a amar a Jesús sobre todas las cosas. Y así lo hacen. Y entonces todo lo demás poco importa.
Me emociona pensar en la serenidad llena de paz de Francisco. Sensato y fiel. Me gusta la alegría inocente y espontánea de Jacinta. Su sencillez, su mirada. Los dos cambian en el encuentro con Nuestra Señora. Ella los educa poco a poco. La escuela de María se hace realidad en ellos. María siempre es educadora. Siempre es Madre. Es Maestra espiritual. María es fuente de misericordia para los que la buscan.
  María me lleva a su Hijo que es puerta de misericordia. Miro a María que me abraza y me espera siempre. Pienso en su mirada hacia los pastorcillos. Estos niños se dejaron tocar por su amor inmenso y sus vidas cambiaron. Palparon la misericordia de Dios. Quiero dejarme tocar por la misericordia de María.


viernes, 19 de mayo de 2017

- No dejarnos impresionar por el mal

Tres pastores y una lógica desmantelada *
Los tres pastores que fueron testigos del acontecimiento de Fátima, traen consigo una lección que encaja perfectamente en la expresión “pequeños gigantes”. ¿Alguien podría si quiera imaginar antes del año 1989 que el mensaje recibido por Jacinta, Francisco y Lucía sería más fuerte que la mega estructura comunista y totalitaria que afligía, sobre todo, a Europa del este? El final de una era cruel y violenta, estaba en lo que aquellos niños portugueses habían escuchado de la Madre de Dios. Sí, de ella, porque no pudo ser de otra manera que alcanzaran adelantarse a los acontecimientos. Y es que Juan Pablo II, entra en el tejido de la historia de Fátima, como “el obispo vestido de blanco” que, de hecho, alzó la voz por un cambio planetario, saliendo adelante en medio de un atentado que desafío las leyes de la medicina. El Estado opresor, marcado por el poderío militar, fue totalmente desmantelado  por la sencillez de la fe. Y no para la anarquía, sino encaminada a un nuevo comienzo. ¿Cómo quedarse en que todo fue coincidencia cuando se trató de un plan maestro, genial, que contribuyó a la paz?
Ahora bien, ¿qué lección podemos sacar del mensaje de Fátima? No dejarnos impresionar por el poder del mal que se materializa de muchas maneras: desunión, violencia, odio, miedo, difamación, etcétera. Al final, aunque la Iglesia parezca a momentos demasiado disminuida, siempre termina por resurgir. Lleva más de veinte siglos haciéndolo. La lógica del más fuerte, acaba por invertirse y, entonces, desde lo inimaginable, aquello que escapa a cualquier indicio o posibilidad, surge la respuesta, la transformación. El cristianismo continúa en medio de crueles persecuciones. Los tres pastores, sin ninguna oportunidad humanamente hablando, son una voz que, desde lo sencillo, cambia, convierte y llega a los que aun negando a Dios, puede que terminen aceptándolo. “Pero es que en mi salón de clases de la universidad soy el único católico practicante”, nos dirá alguno; sin embargo, Dios actúa desde la minoría para alcanzar a la mayoría. Esa es la certeza que nos viene de Fátima.
Cuando pensemos que no hay salida al secularismo, al caos, recordemos el mensaje de los tres pastores, porque la Virgen lo ha conseguido: regresar la mirada hacia Dios y, desde ahí, construir un mundo más humano. El mal impone, salta a la vista como algo aparatoso, pero bastó un madero y Jesús para vencerlo. Entonces, ¿por qué sigue provocando estragos? Son intentos desesperados por sobrevivir, pero solamente el bien, lo noble, consigue salir a flote. 
Si nos dejamos intimidar por el mal, por las distorsiones acerca de la verdadera antropología, no haremos nada. En cambio, al trabajar por ser coherentes, aun en medio de las críticas o tensiones, habremos hecho lo que nos toca y, entonces, vendrán los frutos. La Virgen nos anima en esa dirección. Y la historia lo demuestra.

(*)Carlos J. Díaz Rodríguez, joven laico, comprometido con la causa de la nueva evangelización, a partir de la presencia en el ciberespacio. Nació el 28 de octubre de 1989, en la Ciudad y Puerto de Veracruz, México. 

- Fátima, una llamada al amor

Mensaje de la Virgen de Fátima tiene gran actualidad para el hombre de hoy.
Es un mensaje actual no solo en 1917 cuando la Virgen se apareció, sino también es actual para el hombre de hoy. Y de esto han hablado los Papas. El mensaje de Fátima se puede acortar a unos capítulos fundamentales:
  El primero es el llamado que la Virgen hizo a los tres pastorcillos “sobre el problema de la fe: creer es necesario para los creyentes”. El mensaje de Fátima es una invitación a renovar la fe y esta invitación de la Virgen es actual porque uno de los problemas de la sociedad contemporánea concierne a la fe”.
  El segundo es la conversión. “La Virgen invitó a los pastorcitos a la conversión”: “Convertirse a Dios y convertir a los hermanos. Son dos cosas inseparables”.
  En ese sentido, el Cardenal portugués Saraiva Martins dijo que “si el hombre de hoy, la sociedad de hoy tiene necesidad de algo es justo en este principio, la cercanía a los hermanos independientemente de la religión, de la cultura, del origen, del modo de vivir: todos somos hermanos, hijos del mismo Padre. Si el hombre tiene necesidad de algo, es de considerarnos todos como una familia”.

Así señaló que “el rol de los pastorcitos es muy claro: transmitir el mensaje que la Virgen le ha confiado”.

- Reflexión del P. Santiago Martin

Fátima, un mensaje de lucha y de esperanza *
A las apariciones de la Virgen en Fátima les pasa lo que al buen vino, que ganan con los años. Si eran importantes los mensajes que Nuestra Señora dio a los tres niños en 1917, ahora, cien años después, no sólo se puede ver cómo se cumplieron las profecías hechas en aquel momento, sino la actualidad de las mismas.
Al menos, tres cosas importantes quiso recordarnos la Virgen en aquel momento: que el infierno existe y no está vacío; que es necesaria la oración, la penitencia y la conversión para poder acoger el regalo de la misericordia divina; que Dios es más poderoso que el demonio y que, por lo tanto, la victoria final no será del mal y sus aliados, sino del bien y los suyos. Y a todo esto la Virgen le puso un colofón que nos llena de esperanza: “Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará”.
Hoy, cien años después, hemos visto el fin del imperio soviético cuyo nacimiento anunció la Virgen meses antes de que ocurriera, y cuyo fin predijo cuando el mundo se consagrara a su Inmaculado Corazón (en 1984 lo hizo San Juan Pablo II, unido a todos los obispos del mundo; al año siguiente llegaba Gorbachov al poder en la Unión Soviética y empezaba la “perestroika” y la “glásnost”, que era un intento de reformar el comunismo desde dentro, y que supuso el fin del mismo; en 1989 cayó el Muro de Berlín; en 1991 desapareció oficialmente la Unión Soviética). Pero hemos visto aparecer nuevas guerras, nuevas tiranías, nuevas amenazas. Mientras que el comunismo sigue cruelmente vigente en países como China, Cuba o Venezuela, el secularismo ateo provoca grandes daños a la humanidad a través de ideologías como la de género. La Iglesia misma no se ha visto libre del daño y ese secularismo ha echado profundas raíces dentro de ella, a veces disfrazado de una ideologización de la Iglesia, que parecería una ONG dedicada a ayudar a los pobres más que el instrumento que Cristo creó para amar y hacer amar a Dios, y otras veces el secularismo ha hecho y hace estragos en la Iglesia poniendo en duda el concepto mismo de verdad -hasta el punto de negar la existencia objetiva de los pecados- o manipulando el concepto de misericordia -que sería otorgada a todos aunque no estuvieran arrepentidos ni pidieran perdón-.
Por eso es importante en este centenario volver a recordar aquellos mensajes que nos dejó María y que son más actuales que nunca. Mensajes ratificados por el Santo Padre en su visita a Fátima para rendir homenaje a la Virgen y para canonizar a los dos niños videntes que ya eran beatos. Mensajes que, si bien hablan del infierno y de la necesaria conversión, se pueden resumir en una invitación a la esperanza: Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará. Lo mismo que lucharon sin desfallecer los que eran enviados por los soviéticos a los campos de concentración de Siberia o que no renegaron de su fe los que eran fusilados por los comunistas en las tapias de los cementerios de España, así nosotros, confiando en la fuerza de Dios y en la protección de María, debemos seguir colaborando con el Señor para que el mal no venza al bien y el mundo sea el Reino de Dios que Cristo vino a instaurar en la tierra.

(*)Santiago Martín, sacerdote y escritor español, nació el 24 de febrero de 1954, en Vallecas, un barrio valiente y luchador por naturaleza, donde se forjaron muchos sacerdotes en la defensa de los derechos humanos y la democracia.

sábado, 13 de mayo de 2017

- Fátima, manto de Luz que nos cubre

El Papa Francisco presidió en el atrio del Santuario de Nuestra Señora de Fátima la Misa de canonización de los pastorcitos Francisco y Jacinta Marto, los niños que en 1917 fueron testigos de las apariciones de la Virgen en esta localidad portuguesa.
A continuación el texto completo de la homilía:
  «Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol», dice el vidente de Patmos en el Apocalipsis (12,1), señalando además que ella estaba a punto de dar a luz a un hijo. Después, en el Evangelio, hemos escuchado cómo Jesús le dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27).
  Tenemos una Madre, una «Señora muy bella», comentaban entre ellos los videntes de Fátima mientras regresaban a casa, en aquel bendito 13 de mayo de hace cien años. Y, por la noche, Jacinta no pudo contenerse y reveló el secreto a su madre: «Hoy he visto a la Virgen». Habían visto a la Madre del cielo. En la estela de luz que seguían con sus ojos, se posaron los ojos de muchos, pero… estos no la vieron. La Virgen Madre no vino aquí para que nosotros la viéramos: para esto tendremos toda la eternidad, a condición de que vayamos al cielo, por supuesto.
  Pero ella, previendo y advirtiéndonos sobre el peligro del infierno al que nos lleva una vida a menudo propuesta e impuesta sin Dios y que profana a Dios en sus criaturas, vino a recordarnos la Luz de Dios que mora en nosotros y nos cubre, porque, como hemos escuchado en la primera lectura, «fue arrebatado su hijo junto a Dios» (Ap 12,5). Y, según las palabras de Lucía, los tres privilegiados se encontraban dentro de la Luz de Dios que la Virgen irradiaba. Ella los rodeaba con el manto de Luz que Dios le había dado. Según el creer y el sentir de muchos peregrinos —por no decir de todos—, Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la tierra, cuando nos refugiamos bajo la protección de la Virgen Madre para pedirle, como enseña la Salve Regina, «muéstranos a Jesús».
  Queridos Peregrinos, tenemos una Madre. Aferrándonos a ella como hijos, vivamos de la esperanza que se apoya en Jesús, porque, como hemos escuchado en la segunda lectura, «los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo» (Rm 5,17). Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad ,nuestra humanidad, que había asumido en el seno de la Virgen Madre, y que nunca dejará.
  Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad colocada en el cielo a la derecha del Padre (cf. Ef 2,6). Que esta esperanza sea el impulso de nuestra vida. Una esperanza que nos sostenga siempre, hasta el último suspiro.
  Con esta esperanza, nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables bendiciones que el Cielo ha derramado en estos cien años, y que han transcurrido bajo el manto de Luz que la Virgen, desde este Portugal rico en esperanza, ha extendido hasta los cuatro ángulos de la tierra.
  Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las  contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a «Jesús oculto» en el Sagrario.
  En sus Memorias (III, n.6), Sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: «¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?» Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas. Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda.
  En efecto, él nos ha creado como una esperanza para los demás, una esperanza real y realizable en el estado de vida de cada uno. Al «pedir» y «exigir» de cada uno de nosotros el cumplimiento de los compromisos del propio estado (Carta de sor Lucía, 28 de febrero de 1943), el cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía. No queremos ser una esperanza abortada. La vida sólo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24): lo ha dicho y lo ha hecho el Señor, que siempre nos precede. Cuando pasamos por alguna cruz, él ya ha pasado antes. De este modo, no subimos a la cruz para encontrar a Jesús, sino que ha sido él el que se ha humillado y ha bajado hasta la cruz para encontrarnos a nosotros y, en nosotros, vencer las tinieblas del mal y llevarnos a la luz.
  Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor.


viernes, 12 de mayo de 2017

- El cardenal que habló con la hermana Lucía de Fatima

A continuación la entrevista completa concedida por el Cardenal Tarcisio Bertone:
Cien años después, ¿Qué dicen las apariciones de Fátima al mundo?
Las apariciones de Fátima confirman una noticia consoladora: que la Madre del Hijo de Dios encarnado y Madre nuestra no abandona a la humanidad en el curso de la historia. Ella está presente y vela por la humanidad como portavoz y garante de la Misericordia de Dios. Ella es la mediadora de la salvación.
Con las apariciones, ella lanza un llamado para la corresponsabilidad de todo hijo de Dios de trabajar juntos y hacer de toda la humanidad una familia de Hijo de Dios. Ella quiere aliviar a la humanidad de todos los problemas, dolores y sufrimientos por los que se ve afectada.

¿Son las apariciones de Fátima realmente las apariciones marianas más clamorosas, políticas y proféticas del siglo XX?
Esto se ha dicho y es cierto. Más allá del mensaje de buscar una conversión personal –y la petición de "penitencia, penitencia y penitencia", en palabras de la Virgen María– el mensaje de Fátima involucra a la comunidad internacional. Este involucra a Rusia, Europa y la historia de Europa. Este implica al Papado como institución, así como a los Pontífices, pues ambos son los receptores de las persecuciones de cristianos y los ejecutores de los pedidos de la Virgen María.

¿Por qué elegir tres pastores, tres niños, para entregar un mensaje tan importante?
Ese es el estilo de Dios. Dios escoge a los más débiles –hasta cierto punto los más desvalidos– para recibir su mensaje, para que lo comuniquen a la humanidad. De esta manera, Dios hace a los más débiles corresponsables de la salvación de la humanidad.
Este estilo de Dios está bien explicado en el Evangelio, cuando Jesús dice: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a los niños”. Pero podemos encontrar esta razón también en la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, que dice: “Dios escogió a las criaturas débiles del mundo para avergonzar a los fuertes” (I Cor. 1:27). El poder de Dios es revelado en la debilidad. Ese poder de Dios puede transformar y renovar a la humanidad.

Usted tuvo tres reuniones oficiales con Sor Lucia. ¿Qué clase de persona era? ¿Cuál era su relación con las apariciones y las revelaciones que recibió?
Sor Lucía era una persona brillante, muy agradable, serena, pacífica y tranquila. Era una persona confiada que tuvo que guardar un gran secreto y que fue llamada para comunicar mensajes importantes a la humanidad.
La primera reunión que tuve con ella fue en abril del 2000, después de que el Papa tomó la decisión de publicar la tercera parte del secreto de Fátima. Se sintió liberada de la tarea de mantener el mensaje en secreto y por eso habló muy abiertamente. Ella sentía que era la misionera del mensaje de Fátima para la humanidad. Pensé que era una persona que luchó durante su vida, pero que nunca tuvo miedo. Ella realmente confiaba en Dios. Se sentía protegida por el Señor y por la Virgen María y también se sentía parte viva e integrada de la Iglesia que camina.

Durante años, Sor Lucia envió cartas a los papas y por años los papas no respondieron. Entonces, San Juan Pablo II tomó la decisión de reabrir el diálogo, y usted trajo esta noticia a Sor Lucia. ¿Cómo reaccionó?
Sor Lucía había tenido ciertas comunicaciones con Pío XII a través de mensajes que el Papa le envió y que ella envió al Papa. Sin embargo, fue San Juan Pablo II quien en realidad abrió el diálogo oficial, como ningún otro Papa había respondido a las cartas anteriores. Cuando fui donde ella y le di la carta del Papa, estuvo muy emocionada.
En la carta, el Papa expresó su gran estima por la hermana Lucía y le pidió que hablara abiertamente conmigo, así como se me confió, por parte del Papa, de informarle cada palabra de ella. Sor Lucía no dudó. Ella dijo: “Muy bien. Te diré todo lo que pides”. Ella estaba feliz y vivimos un momento muy bueno. Recibiendo la voluntad del Papa, la hermana Lucía confió en mí. Sabía expresar con claridad el núcleo del mensaje de Fátima, recordando las recomendaciones de la Virgen en Fátima.

¿Por qué se tomó la decisión de publicar el tercer secreto de Fátima en el año 2000, durante el Jubileo?
Al final del segundo milenio, hubo una espera espasmódica por conocer el “Tercer Secreto de Fátima”. Había muchos escritos imaginarios, incluso algunas predicciones catastróficas y apocalípticas. Al mismo tiempo que se tomó la decisión de beatificar a los dos pastores de Fátima, el Papa también tomó la decisión de publicar el texto auténtico del llamado Tercer Secreto de Fátima.
El Papa me encomendó encontrarme con Sor Lucía y mostrarle el texto asegurado en el archivo secreto del Santo Oficio, para que Sor Lucia pudiera confirmar que tanto la escritura como el texto eran realmente los que envió al Papa.

¿Cuál fue el camino del famoso sobre que contenía la tercera parte del Secreto de Fátima? ¿Cuántos Papas llegaron a conocer el secreto? ¿Y por qué se hablaba tan ampliamente de dos sobres?
El sobre original está contenido en un sobre más grande en el que Sor Lucía había escrito ‘1960’ (No abrir antes de... 1960). En el sobre más grande, había otro sobre, en el que la hermana Lucía había escrito ‘Tercera Parte del Secreto de Fátima’. Esos famosos sobres, como sabemos por los archivos del Santo Oficio, llegaron a Roma en 1957 a través de Mons. Cento, que era Nuncio Apostólico en Portugal.
San Juan XXIII fue el primero en abrir el sobre. Él escribió la tercera parte del secreto con su confesor, Mons. Cavagna. Entonces, el Beato Pablo VI leyó el secreto en 1965. Por último, San Juan Pablo II lo leyó el 18 de julio de 1981. San Juan Pablo II guardó el sobre en el apartamento pontificio, aunque cada Papa anterior, después de haber leído el secreto, había ordenado que el documento sea devuelto al Archivo Secreto del Santo Oficio. Allí, los sobres fueron asegurados en una vieja caja fuerte con un sistema antiguo y especial de tres llaves, entregado a tres superiores del Santo Oficio, para que nadie pudiera abrirlo sin la presencia de las otras dos personas y sin el consentimiento del oficial superior.

¿Qué sintió cuando leyó por primera vez el tercer secreto?
Estaba atónito, asombrado por la lectura. Al mismo tiempo, encontré la confirmación de lo que Juan Pablo II ya había dicho. Es decir, más allá de las persecuciones que la Iglesia ha sufrido durante el siglo, la predicción de una historia de dolor que acarrearía no solo a los simples y a los pequeños, sino también a los guardianes de la Iglesia –sacerdotes y obispos– al punto de tocar al Obispo que viste túnicas blancas; que los pastores intuían que era el Papa.
Esta predicción incluyó un intento de asesinato en la casa del Papa, es decir, la casa común de los fieles. Este hecho horrible e indescriptible es de hecho el punto central del mensaje, ya que involucra al pueblo de Dios en su totalidad, incluyendo al Pastor Supremo del pueblo de Dios en la tierra y la historia.

La Virgen María también hizo una petición precisa de consagrar a Rusia a su Inmaculado Corazón. ¿Cómo cumplieron los Papas este requisito? ¿Y qué hizo en particular Pío XII y Juan Pablo II?
La petición de consagrar Rusia al Inmaculado Corazón de María es muy importante. Rusia es un pueblo –de hecho, un grupo de pueblos– que está en el centro del mensaje y que está muy cerca del corazón de la Virgen.
Durante el siglo XX, los Papas se refirieron a Rusia muchas veces. Para dar un ejemplo concreto (recuerdo) que Benedicto XV ayudó a Rusia durante la gran hambruna de 1921-1923. También Pío XI. La Virgen adelantó una petición muy precisa y el Papa cumplió el requisito considerando el contexto ecuménico, para describirlo en términos actuales.
El Papa Pío XII fue el primero en consagrar el mundo al Inmaculado Corazón de María: lo hizo en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial. Diez años más tarde, con la Carta Apostólica Sacro Vergente Anno–una carta muy hermosa– consagró al pueblo de Rusia.
San Juan Pablo II consagró Rusia al Corazón Inmaculado de María en 1982, y luego en Fátima el 25 de marzo de 1984, durante el Año Extraordinario de la Redención que había proclamado. Algunos observan que Juan Pablo II no mencionó explícitamente a Rusia. Sin embargo, la referencia a Rusia es evidente. Creo que el Papa no quiso mencionar explícitamente la palabra ‘Rusia’ por una especie de respeto hacia el mundo ortodoxo.
La referencia es muy clara en las consagraciones de Pío XII y en la mencionada carta apostólica de Pío XII hay una expresión equivalente: “El pueblo que estás esperando ser consagrado”. Y entonces, la oración de consagración es muy solemne, muy hermosa: “Madre de la Iglesia, ilumina al pueblo de Dios en el camino de la fe, la esperanza y la caridad. Ilumina especialmente a las personas que están esperando ser consagradas y confiadas a ti. Ayúdanos a vivir en la verdad de la Consagración a Cristo para toda la familia humana en el mundo contemporáneo”. Se preguntó a la hermana Lucía si las consagraciones fueron hechas apropiadamente, tanto por su superior religioso como por mí. Ella respondió: “Como Nuestra Señora lo pidió”.

Sor Lucía entonces escribió un libro para contestar todas las cartas que recibió. El libro también explora la noción de María como corredentora de la humanidad. ¿Es posible considerar a la Virgen María de esa manera?
El libro fue publicado y confieso humildemente que apoyé su publicación. Sor Lucía expresó su voluntad de publicar este libro para responder a las miles de cartas que recibió. También había escrito muchas cartas personales que ahora están siendo examinadas en la Congregación para la Causa de los Santos. Sin embargo, quiso reunir todos sus pensamientos y comentarios sobre el mensaje de Fátima en un libro que ella misma escribió.
La publicación del libro fue discutida durante una reunión de los cardenales miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y algunos de los cardenales dijeron: “No, no se debe publicar, no podemos poner a la hermana Lucía en un escenario universal como si la autorizáramos como maestra de mariología... se supone que debe vivir con humildad y en lo oculto”.
Cuando regresé de la reunión con ella, le dije al Cardenal Ratzinger y al Papa Juan Pablo II: “Muchos libros de teología y devoción popular son erróneos, y algunos de ellos no son lo mejor en doctrina y la espiritualidad... ¿por qué no deberíamos estar de acuerdo en la publicación de un libro de Sor Lucía?”. Le di el borrador del libro al P. Jesús Castellano Cervera, un eminente teólogo que se desempeñó como Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El P. Castellano leyó atentamente el borrador. Quedó fascinado y escribió una presentación hermosa de este. Con el libro, Sor Lucía presenta lo que de alguna manera podemos llamar “el Catecismo de Fátima”. Ella escribe una teología simple pero profundamente espiritual. También habla de María como corredentora, pero este título no genera ningún problema teológico. Incluso el P. Castellano destacó que no hay tantos problemas con el título (de corredentora), ya que se reconoce que María está subordinada a Cristo, el único mediador.
El libro fue traducido a varios idiomas y sugiero leerlo y meditar sobre él, especialmente ahora, con ocasión del 100 aniversario de las apariciones de Fátima.

En su camino a Portugal en 2010, Benedicto XVI dijo que la profecía de Fátima no estaba plenamente cumplida, que todavía estaba viva. ¿Qué quiso decir Benedicto XVI? ¿En qué sentido la profecía aún no se ha cumplido?
El entonces Cardenal Ratzinger, en el comentario teológico a la publicación de la Tercera Parte del Secreto de Fátima, destacó explícitamente: “Se puede ver representada en esta imagen la historia de todo un siglo. Del mismo modo que los lugares de la tierra están sintéticamente representados en las dos imágenes de la montaña y de la ciudad y están orientados hacia la cruz, también los tiempos son presentados de forma compacta. En la visión podemos reconocer el siglo pasado como siglo de los mártires, como siglo de los sufrimientos y de las persecuciones contra la Iglesia, como el siglo de las guerras mundiales y de muchas guerras locales que han llenado toda su segunda mitad y han hecho experimentar nuevas formas de crueldad. En el ‘espejo’ de esta visión vemos pasar a los testigos de la fe de decenios”.
Así, en un sentido, dice que los acontecimientos descritos en el tercer secreto ya han pasado. Al mismo tiempo, el corazón del llamado de Fátima trata de la conversión. Es decir, la conversión de los fieles y el camino de la Iglesia hacia la fidelidad.
Sor Lucía realmente se preocupaba de cumplir lo que ella llama el “mandamiento de María”. Así como está el mandamiento del Señor Jesús: “Amaos los unos a los otros como yo os amé”, está el mandamiento de María de “Haced lo que Él os diga”
Así, el mensaje de Fátima continúa, es eternamente actual. Este es el significado de lo que ha dicho Benedicto XVI.
Juan Pablo II, en su mensaje de 1997 para el Día Mundial del Enfermo, escribió: "La Señora del mensaje parece leer los signos de los tiempos –los signos de nuestro tiempo– con una percepción especial (...) La insistente invitación de María Santísima a la penitencia no es más que la manifestación de su preocupación maternal por el destino de la familia humana, necesitada de conversión y perdón". Todos estos procesos de conversión, intercesión y reconciliación no cesaron en 1981. Siguen trabajando... así que el mensaje de Fátima sigue apelándonos y nos recuerda nuestra corresponsabilidad.

Usted se reunió con Sor Lucía por última vez el 9 de diciembre de 2003. ¿De qué hablaron? ¿Y cuánto duró esta reunión?
La última reunión con Sor Lucía fue extraordinaria. Yo diría que fue la más cordial, amorosa y fraterna de nuestras reuniones. La reunión también estuvo llena de muchos temas de conversación. Pasé quizás cinco horas en Coimbra aquel día: celebré Misa, me reuní con la comunidad y luego me reuní personalmente con Sor Lucía.
La reunión duró cerca de dos horas y estuve junto al P. Kondor, el postulador de la causa de la beatificación de los pastores. Charlamos, recordamos nuestras reuniones del pasado y los temas que habíamos discutido y luego hablamos de tres temas específicos.
El primer tema fue un pedido de aclaración sobre la relación de la hermana Lucía con el Cardenal Luciani. Pedí una verificación del informe de la reunión que el Cardenal Luciani –quien más tarde fue elegido Papa Juan Pablo I– había redactado. Sor Lucía pidió que el informe fuera traducido al portugués. Lo leyó cuidadosamente y lo confirmó. Este es el texto en portugués que la hermana Lucía firmó como confirmación.
Le hice una pregunta directa: “¿Predijiste la elección del Cardenal Luciani como Papa?”. Ella respondió con estas mismas palabras: “No recuerdo si le dije que iba a ser elegido Papa. Le dije a mi comunidad religiosa que había conocido a un buen Cardenal, un Santo Cardenal, y que si hubiera sido elegido Papa, iba a ser un buen Papa". Estas son las palabras de la Hermana Lucía. Ciertamente, sabemos que el Cardenal Luciani estaba muy conmovido por el diálogo con Sor Lucia. El diálogo fue sobre los problemas de la Iglesia, sobre la fe y el declive de la fe en la Iglesia; ya eran temas de interés entre las décadas de 1970 y 1980, imagine que dirían ellos hoy.
El segundo tema trató sobre la salud del Papa Juan Pablo II. Me pidió mucha información sobre el Papa. Ella había tenido una relación muy cercana con el Papa anterior. Sabemos que los pastores estaban muy vinculados al Papa, rezaron mucho por él, habían ofrecido su dolor por el sufrimiento del Papa desde 1917.
La hermana Lucía se relacionó muy estrechamente con Juan Pablo II. Ella me dio su bastón para que yo pudiera llevarlo al Papa y me dijo: “Dad esto al Santo Padre y veréis que la Virgen María lo protegerá y ayudará que su salud mejore". Ella me dio el bastón para el Papa porque le había dicho que el Papa estaba caminando con la ayuda de un bastón, como la hermana Lucía. Ella normalmente se movía en una silla de ruedas, pero cuando estaba de pie tenía que apoyarse en el bastón. Traje el bastón aquí al Santo Padre y creo que ahora está en el museo de San Juan Pablo II en Cracovia.
Finalmente hablamos de la salud de la hermana Lucía. Le deseé muchas felicidades para su próximo centésimo cumpleaños. Le dije: "¡Los mejores deseos! Espero verle de nuevo cuando cumpla 100". Ella respondió: “Nunca nos encontraremos de nuevo. Nunca más me verás. Usted vendrá para mi entierro". Estas fueron sus propias palabras.
En realidad, cuando Sor Lucia murió el 13 de febrero de 2005, su superiora religiosa me llamó y yo presidí su funeral el 15 de febrero de 2005, en una ciudad decorada de arriba a abajo con rosas, no sé de dónde las recolectaron, de cada parte de Portugal. Así que, al final, Sor Lucía predijo eso.


miércoles, 10 de mayo de 2017

- Fátima, altar del mundo

En 1917 el lugar llamado Fátima no estaba en ninguno de los mapas del mundo. Pero allí aconteció algo muy especial, tres niños ven y reciben un Mensaje de la Virgen. Lo que en Fátima se da a conocer es que “Dios siempre está presente en la historia humana”.
  Precisamente en 1917 en Portugal se vivía una situación política en la que claramente se decía que: “Dios no está presente en la historia humana“. También en esta época, todos los estudios académicos, la filosofía, los intelectuales seguían el positivismo, la ilustración y todos defendían que “Dios ya no existía, que el hombre no necesita a Dios”. Fátima vino a decir todo lo contrario: Que Dios continúa presente y activo en la Historia humana.
  El 13 de Mayo de 1917 en Rusia, en la actual San Petersburgo, los alumnos en un colegio cuando una profesora Alejandrina (sabemos el nombre) está dando clase de catequesis, está enseñando a los niños, de pronto irrumpen las tropas de Lenin y es proclamado a los cuatro vientos desde aquel colegio que “Dios ha muerto”, que “el cielo no existe, que Dios no existe”. Y aquella ciudad de Rusia la llamaran Leningrado. Y debemos darnos cuenta de que cuando en una parte del mundo se niega la existencia de Dios y se afirma que el cielo no existe, entonces se “rasgó el cielo” y bajó del Cielo, a esta tierra bendita de Portugal, la Señora del Mensaje; cuyas primeras palabras a los tres niños fue decirles: “No tengáis miedo, vengo del Cielo”; es decir, en el mismo dia y en la misma hora que allí (Rusia) se negaba la existencia del Cielo, aquí en Fátima bajaba del Cielo la Señora llena de Luz, la Madre del Salvador.
  Y la Virgen da a los tres niños de Portugal un Mensaje especial a transmitir a los demás, un Mensaje en el que podemos descubrir la certeza absoluta de que Dios está siempre presente en la historia humana. En este Mensaje podemos considerar como fundamental la convivencia humana entre todos los hombres como hermanos.
  En 1917 se vivió por primera vez en el mundo una gran guerra: la ‘Gran Guerra’: o sea, la Primera guerra mundial; y lo que hace Fátima es vivir un acontecimiento extraordinario para proclamar que los seres humanos pueden llevarse bien unos con otros, que pueden convivir y alcanzar el don de la Paz. Esto es lo que la Virgen dijo a los tres niños: “que la paz es posible y que para ello se rezara el rosario, precisamente para encontrar esta paz”. La Paz es Jesucristo, y obviamente lo que la Virgen nos dirá es que se trata de seguir las enseñanzas de Jesucristo.
  La Iglesia cree que las Apariciones de Fátima son un indicador claro de la presencia de Dios en la historia humana. Los tres niños ven a la Madre revestida de una radiante luz, de la Luz de Dios y dicen “que la luz les envolvía y les daba una fuerza particular para ser discípulos de Jesucristo”.
  El Mensaje de Fátima tiene unas consecuencias sobre la acción humana, sobre la vida cotidiana. Una de las grandes referencias es encontrar la paz, otra es la presencia de Dios en la historia humana, otra es la solidaridad de las personas unas con otras y descubrir que “lo que hago en la vida cotidiana puede influir en la vida del prójimo, que puede incluso influenciar en la vida de aquel que no esté viviendo en este momento o de los que vivirán siglos después”.
  Un ejemplo especial lo tenemos en Jacinta, la niña que ahora va a ser proclamada santa, ella tenía un cariño especial por el Papa y entre 1917-1920 rezaba mucho por el Papa. Cuando el año 2000 Juan Pablo II llega a Fátima agradece a Jacinta las oraciones que hizo por el Papa, y dice que su vida también fue posible gracias a las oraciones de Jacinta. Y esta solidaridad en la oración, en los vasos comunicantes entre los que creen en Cristo, de los que creen en Dios también está muy presente en Fátima y esto lo vemos como una verdadera intervención de Dios en la Historia humana.
  Hay otra forma de intervención de Dios que tenemos en el Mensaje de Fátima, lo vemos también en la política; nuestra forma de vida puede condicionar las opciones que tenemos e incluso, si estamos condicionados por la política, podemos vencer el miedo y ser libres. Por ejemplo, en lugares donde está prohibido creer en Dios, el Mensaje de Fátima es una fortaleza para estas personas. La Virgen María cuando muestra su Corazón Inmaculado dice a Lucía que “el Corazón de María ha de ser el refugio de Lucía y ha de ser un camino que ha de llevar a las personas hacia Dios”.
  Otro reflejo importante del Mensaje de Fátima es la solidaridad en la oración de los pecadores y lo vemos en la forma de escribir la hermana Lucía en sus Memorias, y en palabras del papa actual podríamos decir: “solidaridad con aquellos que se encuentran en las periferias de la historia humana, así los que están apartados de Dios, con nuestra oración, pueden ser llevados a Dios e impedir que sean condenados eternamente. Los niños de Fátima vieron el infierno “con el fin de orar para aquellos que están lejos de Dios y para que puedan tomar el camino de Dios y no caer en la condenación eterna”.
  Fátima nos habla del Evangelio en puntos importantes muy particulares. En el Mensaje de Fátima hay una dimensión eclesial, así la pequeña capilla de las apariciones es una imagen, metáfora de lo que es el Templo de Dios, y se pide a los peregrinos cuando vienen a Fátima que formen en solo cuerpo alrededor del mismo altar y que esta reunión muestre el ‘Cuerpo de Cristo’ presente en la Iglesia, presente en el mundo.
  En 2010 el Papa Benedito XVI vino a Fátima y dijo: “La misión profética de Fátima no está acabada...En 2017, será el centenario de las apariciones... impulsemos el anunciado triunfo del Corazón Inmaculado de María". Vemos como el Papa nos dice que “las profecías de Fátima están abiertas al futuro“, o sea que, no eran algo de hace cien años–como se creyó-, sino que están abiertas al futuro.
  Y en este tiempo que vivimos, tiempo muy especial, las palabras de la Virgen en el Mensaje dado a los niños nos está diciendo que debemos centrar nuestra vida en Jesús, en la Eucaristia, en la oración; en rezar y reparar. Reparar en adoración ante Jesús Eucaristia…reparación e intercesión.
  Cuando Benedicto XVI estuvo en Fátima dijo esta hermosa expresión: “cuando estaba en Fátima, lo que en este lugar santo viví, fue un renovado Pentecostés” “la Virgen María estaba en el centro y todos los discípulos de Cristo estaban a su alrededor celebrando la misma fe, unidos en la misma oración, viviendo el mismo Señor”
 La Santísima Trinidad envió aquí a la Santísima Virgen Maria y tanto en 1917 como hoy,

María es la enviada para llevarnos a Jesús, para volver a Dios. 

martes, 9 de mayo de 2017

- Fátima y la caída del comunismo ruso

El año 1917 (año de las Apariciones de la Virgen en Fátima) fue agitado para Rusia. Además de combatir en la Primera Guerra Mundial, el país experimentó dos guerras civiles conocidas como la Revolución de Febrero y la Revolución de Octubre. La primera condujo a la creación de un gobierno provisional que resultó inestable. Después, entre el 24 y 25 de octubre, a menos de dos semanas después de la última aparición de la Virgen de Fátima, la segunda revolución dio lugar a la creación de la Unión Soviética.
En los años siguientes Rusia amplió su esfera de influencia exportando su ideología comunista a varios países y martirizando a un gran número de cristianos.
Tras la consagración al Inmaculado Corazón de María realizada por el Papa San Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro en 1984, se derrumbó en primer lugar el bloque soviético en 1989 y luego la propia Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), a consecuencia de diversos factores sociales, políticos y económicos.
El mismo Papa San Juan Pablo señaló: "¿Y qué diremos de los tres niños de Fátima que, de repente, en la víspera del estallido de la Revolución de Octubre escucharon: ‘Rusia se convertirá’ y ‘Al final, mi [Inmaculado] Corazón triunfará"? Ellos no pudieron inventar tales predicciones porque no sabían lo suficiente acerca de historia o geografía, y mucho menos de los movimientos sociales y la evolución ideológica y, sin embargo, sucedió tal como lo habían dicho". (Cruzando el Umbral de la Esperanza, pg. 131)
Seis años antes San Juan Pablo II hizo alusión a su contenido. Inmediatamente después meditó sobre la caída del comunismo en relacionándolo con Fátima y escribió: "Tal vez este es el motivo por el que el Papa fue llamado de un ‘país lejano’, tal vez porque era necesario que el intento de asesinato se haga en la Plaza de San Pedro, precisamente el 13 de mayo de 1981, en el aniversario de la primera aparición en Fátima, de modo que todo podría ser más transparente y comprensible, para que la voz de Dios que habla en la historia humana a través de los ‘signos de los tiempos’ pueda ser más fácilmente audible y comprensible".  (Cruzando el Umbral de la Esperanza, pg. 131-132)

domingo, 7 de mayo de 2017

- Significado de la visión de San José en Fátima

Mons. Joseph Cirrincione, estudioso por más de 40 años de las apariciones de Fátima, detalló en su libro “St. Joseph, Fatima and Fatherhood” (1989) que las apariciones definitivamente son un recordatorio de la importancia de la paternidad. “La paternidad de San José, como con todos los padres humanos, es el reflejo en una criatura de la paternidad de Dios Padre. La visión de San José y del Niño Jesús bendiciendo al mundo, con María al lado del sol en estado de quietud, es la seguridad de Dios de que, aunque el hombre pueda rechazarlo”. Dios nunca rechazará al hombre”, enfatizó.
Cuando la pacífica escena familiar de la visión de la Sagrada Familia es interrumpida por los giros del sol durante el Milagro del Sol, el escritor cree que se trata de “un presagio siniestro de las consecuencias para el mundo, que seguramente se sentirán si la verdadera paternidad de Dios y el tradicional papel fuerte del padre de la familia son rechazados por la humanidad”. “El Milagro del Sol representa no tanto una amenaza de males venideros, sino un presagio del destronamiento de Dios Padre y una indicación de las terribles consecuencias que seguirán”, resaltó.
Y explicó “que la paternidad humana, como reflejo de la paternidad de Dios, fue diseñada para ser el pilar de la familia” y que la “desaparición de la estima por la paternidad ha llevado al colapso de ese pilar y a la desintegración de la familia”.
El Papa León XIII consagró el mes de octubre a la Virgen del Rosario –título con el que María se llamaría a sí misma en Fátima–, y en su encíclica de 1889, el Papa pidió “que el pueblo cristiano invoque continuamente, con gran piedad y confianza, junto con la Madre de Dios, a su esposo San José”. Debido a que era “de gran importancia la devoción a San José” este Papa escribió y ofreció una oración al Santo Custodio para que fuera recitada después del Rosario durante el mes de octubre. (aquí la oración a San José:
   “A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación; y después de invocar el auxilio de tu Santísima Esposa solicitamos también confiados tu patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.  Protege, Providentísimo Custodio de la Sagrada Familia la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción; asístenos propicio, desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas: y, como en otro tiempo librasteis al Niño Jesús del inminente peligro de la vida, así ahora, defiende a la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con el perpetuo patrocinio, para que, a tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir y alcanzar en el cielo la eterna felicidad. Amén 

jueves, 4 de mayo de 2017

- Novena a la Virgen de Fatima

Hoy 4 de mayo, iniciamos la novena a la Virgen de Fátima. Estamos a 9 dias del 13 mayo, centenario de ls Apariciones de la Virgen en Fátima:
Ofrecimiento para todos los días
¡Oh Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.
¡Oh santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes con que El es ofendido; y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón e intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pecadores.
Oración preparatoria
Oh santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia, que te dignaste manifestar en Fátima la ternura de vuestro Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz. Confiados en vuestra misericordia maternal y agradecidos a las bondades de vuestro amantísimo Corazón, venimos a vuestras plantas para rendiros el tributo de nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente vuestro mensaje de amor, y la que os pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de nuestras almas. Así sea.
Oración de este día
¡Oh santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores!, que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en vuestro rostro celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que os causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a vuestro Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a vuestro Divino Hijo y a vuestro Corazón Inmaculado.
Oración final
¡Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y resurrección, nos mereció el premio de la salvación eterna! Os suplicamos nos concedas que, meditando los misterios del santísimo rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
https://www.aciprensa.com/Maria/Fatima/novena.htm
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