sábado, 7 de noviembre de 2015

- La profecía del triunfo del Corazón de María, ahora

 En abril de 1992 el Padre franciscano Jozo Zovko profetizó los contenidos más específicos del Triunfo del Inmaculado Corazón de María. A veces referido como “el séptimo vidente” no cabe duda de que el Padre Jozo, párroco de Medjugorje en el momento de las primeras apariciones, tiene sus propias experiencias místicas. 
El 23 de abril 1992, dijo a la monja francesa Sor Emmanuel Maillard:
Aquí termina una gran guerra que en Europa comenzó con la llegada del comunismo. Aquí, la profecía de Fátima, con respecto a la conversión del mundo y de la debacle del régimen comunista ateo es justificada, se lleva a cabo”.
“Y aquí, donde el comunismo y el mal estaban quizás más profundamente arraigados, aquí, donde la Virgen María se apareció durante años, aquí está teniendo lugar lo que va a ser único, grandioso: la victoria, el triunfo del Corazón Inmaculado de María, la caída de los errores humanos, el cambio del corazón humano, la creación de una nueva mentalidad, el comienzo de un mundo mejor.”
JESÚS REINARÁ EN TODOS LOS CORAZONES
La misión histórica de la Virgen María está trayendo a Jesús al mundo. De Jesús, ella recibe todos los dones y todas sus fuerzas, y con esta fuerza y el amor que comparten, conduce a todos a Jesús. Para todo lo que ella hace, Jesús es la medida, así como el medio.

Por lo tanto, no puede decirse que el corazón de la Virgen María haya triunfado hasta que el corazón de cada hombre esté descansando en el amor y la paz de Jesús. Esto es por qué la meta que expresa en las apariciones de Medjugorje es nada menos que la conversión del mundo.  Y por qué Ella ha vinculado específicamente su próximo triunfo a la presencia de Jesús en los corazones humanos:

En este tiempo especial de oración, permitidme transformar vuestro corazón para que puedan ayudarme para que mi hijo resucite en todos los corazones, y que mi corazón pueda triunfar”. (2 de abril 2007)
El amor es la clave para el triunfo. El Amor a Dios y al prójimo traerá el triunfo, por lo que esta clase de amor santo es también lo que la Virgen María requiere de alguien que quiere ayudarla a realizarlo y, en última instancia, quiere vivir y experimentarlo:
“¡Queridos hijos! Vengo a vosotros como Madre con regalos. Yo vengo con amor y misericordia. Queridos hijos, el mío es un gran corazón. En él, yo deseo que todos vuestros corazones, sean purificados por el ayuno y la oración. Deseo que, por medio del amor, nuestros corazones triunfen. Deseo que a través de ese triunfo veais la verdadera verdad, el verdadero camino y la verdadera vida. Yo deseo que vosotros podais ver a mi hijo. Muchas gracias” (18 de marzo 2007).
“¡Queridos hijos! Hoy, con mi corazón de madre, os llamo a estar alrededor mio para amar a vuestro prójimo. Hijos, deténganse. Mirad a los ojos de vuestro hermano y ved a Jesús, mi Hijo. Si ven alegría, disfrutad con él. Si hay dolor en los ojos de vuestro hermano, con vuestra ternura y bondad, echenlo a la basura, porque sin amor vosotros estais perdidos. Sólo el amor es eficaz; hace milagros. El amor os dará la unidad en mi Hijo y la victoria de mi corazón. Por lo tanto, hijos míos, amen” (2 de Septiembre de 2008).
“¡Queridos hijos! En estos momentos difíciles, el amor de Dios me envía a vosotros. Hijos míos, no tengáis miedo. Con total confianza dadme vuestros corazones para que yo pueda ayudarles a reconocer los signos de los tiempos en los que viven. Yo os ayudaré a venir a conocer el amor de mi Hijo. A través de vosotros yo voy a triunfar. Muchas gracias” (2 de junio de 2007)

El triunfo del Inmaculado Corazón de María traerá una era de paz. No se logrará a través de los políticos, sino a través de la humanidad después de haber llegado a la paz con Dios.

http://forosdelavirgen.org/65220/la-profecia-del-triunfo-del-corazon-inmaculado-de-maria-tramben-en-medjugorje-2014-06-17/

jueves, 5 de noviembre de 2015

- Urge la devoción al Corazón Inmaculado de María

La devoción al Corazón de María, voluntad expresa de Dios

Ocurren estas apariciones en 1917, el momento culminante de la era mariana, llamada así por Pío XII, cuando el mundo ya había comenzado a recibir los castigos de sus crímenes, que el Señor sólo evitaría por la intervención de su Santísima Madre. Por eso repite, en cierto modo, la entrega que hiciera de Ella desde la Cruz como Madre de la humanidad. Esta vez lo hace señalando el foco de su indecible amor: Su Inmaculado Corazón. Y es así que decide solemnemente, marcando la historia con un día bendito, dar a los hombres de nuestro tiempo esa santa devoción, como verdadera áncora de salvación.
A poco que nos detengamos en este anuncio, veremos que no se trata de un simple pedido, sino de una sentencia del Altísimo. Es la voluntad expresa de Dios, brotada de su infinita misericordia.
La devoción al Corazón de María fue preparada por enviados suyos, Santa Gertrudis, Santa Brígida, San Juan Eudes, San Antonio María Claret… Dios siempre prepara los corazones y en este caso lo hizo de manera muy especial, de modo que el 13 de junio de 1917 no era desconocida. Recordemos que al comienzo del siglo anterior el Papa Pío VII enseñaba: “El Corazón de María, la Madre de Dios y Madre nuestra, es el Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la Adorable Trinidad, y digno de toda la veneración y ternura de los Ángeles y los hombres, el Corazón más semejante al de Jesús, cuya imagen más perfecta es María, Corazón lleno de bondad y de gran manera compasivo de nuestras miserias. (Pío VII, 18 de agosto de 1807).
La devoción al Inmaculado Corazón de María es conveniente y necesaria para el mundo en que vivimos
Es el recurso máximo y extremo de la misericordia de Dios, que nos señala a nosotros el objeto de su propio amor, con su voluntad misericordiosa de contagiarnos al menos una pequeña parte de su divino amor.
Es el tesoro precioso que nos regala el Sacratísimo Corazón de Jesús, como lo manifiesta la pequeña Beata Jacinta Martos de Fátima cuando dice a su prima Lucía:
“Dile a todos que el Sagrado Corazón de Jesús quiere que a su lado sea venerado el Inmaculado Corazón de María”.
Recordemos también estas palabras de Jacinta “Diles que la paz debemos pedirla por medio del Corazón de María”. En el Mensaje de Fátima se nos dice claramente que es la única forma en que podemos recibir el don de la paz para el mundo. A esta devoción está concedido el don preciosísimo de la paz. 

La fiesta del Corazón Inmaculado de María

La culminación del desarrollo de una devoción en la Iglesia es, indudablemente, su celebración litúrgica. Por eso, siendo tan importante el llamado de Dios por la devoción al Inmaculado Corazón de María, se entiende que Sor Lucía haya pedido al Papa esa fiesta con la misma vehemencia con que pidió la consagración de Rusia y los Cinco Primeros Sábados: El 2 de diciembre de 1940, ella rogaba además de esos dos actos,
que la fiesta en honor del Inmaculado Corazón de María se extienda a todo el Mundo como una de las principales de la Santa Iglesia” (Cartas y otros documentos).
El 4 de marzo de 1944 el Papa Pío XII extendió a toda la Iglesia la fiesta litúrgica del Inmaculado Corazón de María asignándole la fecha de la octava de la Asunción, el 22 de agosto. Al hacerlo, el Papa quiso dejar expresado que esta fiesta se instituía para obtener por medio de la intercesión de María “la paz entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes”, Pío XII resumía así los pedidos de Fátima, para remedio a los males que ya estaban en el mundo.
Posteriormente, con la reforma del Vaticano II, la fiesta fue cambiada para el sábado siguiente al viernes de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Fue un paso atrás, porque los sábados hay muy pocas misas por la mañana y por la tarde se celebra la dominical. Sumando a esto el olvido de los pedidos de la Virgen, la fiesta quedó prácticamente anulada en el calendario del Novus Ordo
La urgencia de instaurar esa devoción al Inmaculado Corazón de María
La devoción al Inmaculado Corazón de María es condición para evitar los castigos que estamos viviendo y los que ya atisbamos en el horizonte.
Es doloroso presenciar el olvido de los pedidos de la Virgen, como es el caso de la devoción de desagravio de los Primeros Sábados, cuando la cantidad de blasfemias a la Madre del Señor multiplican su veneno por la divulgación globalizada que se realiza por todos los medios. Esas blasfemias son pecados “de los que claman al Cielo”.
Y también es doloroso ver cómo se cumplen inexorablemente los anuncios del 13 de julio de 1917 por no ser realizada la consagración de Rusia por el Papa con todos los obispos del mundo, y que por ambas omisiones “Rusia sigue esparciendo sus errores por el mundo”, “el Papa y los buenos tienen mucho que sufrir…”.
Causa estupor comprobar que estamos viviendo tiempos donde las cosas más sublimes no llegan a conmover a los hombres y mujeres que están desesperados por servir a los ídolos de barro entronizados por las fuerzas del mal en los “altares” modernos por todos los medios, aún dentro de los propios hogares, donde en otros tiempos existía la religiosidad o al menos la intimidad, gobernada por los padres de familia.
Posiblemente haya mucho de ignorancia, ya que los conceptos han sido trastocados por una confusión espantosa que aumenta día a día. Por eso mismo nosotros, hijos de la Iglesia, tenemos una obligación grave de difundir con precisión y urgencia los pedidos de Nuestra Señora.
Por ello, en este momento dramático de la historia de la Iglesia, suplicamos ardientemente al Santo Padre la realización de los pedidos ya conocidos de la Madre de Dios y Reina del Mundo, a saber:
La Consagración de Rusia realizada por Su Santidad en unión con todos los Obispos del mundo al Inmaculado Corazón de María; la Bendición por parte de Su Santidad, de la devoción reparadora de los Primeros Sábados del mes, haciéndola pública por todo el mundo, y la restauración de la fiesta del Inmaculado Corazón de María para sea celebrada en todo el Mundo  como una de las principales de la Santa Iglesia.

El mundo de hoy está gobernado por las fuerzas del mal. El demonio sugiere toda clase de caminos para la perdición de las almas, y esas sugerencias llegan por los medios de comunicación a lo más íntimo de los hogares.
El oponerse firme y diametralmente es la única forma de salvar el alma y de vivir en paz, aún con tribulaciones y luchas.
El demonio, en efecto, nos invita a adorar a los ídolos de barro: el poder, el dinero y el sexo. El Corazón de María nos ayuda a adorar a Jesucristo, verdadero Dios, “presente en todos los Sagrarios de la tierra”. El demonio nos engaña con el menosprecio de esa Divina Presencia Real, con la Comunión hecha indignamente. El Ángel de Fátima nos enseña a postrarnos con la frente sobre la tierra ante la Santísima Eucaristía y nos invita, por medio del Corazón de su Madre, a desagraviarlo, creer en El, adorarlo, esperar en Él y amarlo.
El demonio ha inducido a que prevalezcan doctrinas mariológicas que minimizan a la Virgen. La devoción al Corazón de María la alaba como Reina del Universo, y a la vez la toma como Madre tiernísima y llena de misericordia.
El demonio ha desatado una ola de blasfemias a la Madre de Dios, que le clavan espinas muy dolorosas en su Corazón Esta devoción a su Corazón Inmaculado es un acto de desagravio que intenta arrancar esas espinas y le brinda nuestro consuelo filial.
El demonio nos lleva a la desacralización, La devoción al Corazón de María nos lleva a la consagración personal de las familias, personas y naciones.
El demonio “ha introducido modas que ofenden mucho al Señor”. La Virgen nos lleva a la modestia y el recato en el vestir.
El demonio quiere apoderarse del mundo, por medio de los errores de Rusia: el ateísmo militante, las guerras de odio, el control de las conciencias, la falta de libertad individual, los “gulags” contra los desidentes, el aborto alentado y financiado por el Estado, el odio a la Religión,… convertidos en terribles aberraciones y crímenes. El Corazón de María nos promete la Paz.
El demonio está llevando a gran parte de la Iglesia a la apostasía. La devoción al Corazón de María con el rezo diario y confiado del Santo Rosario, es garantía de la verdadera fe católica.
La no aceptación de este llamado es una terrible ingratitud hacia Dios, y es la prolongación del verdadero suplicio que está sufriendo la Iglesia y la humanidad.

La devoción al Corazón Inmaculado de María, además de ser consuelo y gozo para nuestras almas, nos libra de las asechanzas del enemigo y nos permite cumplir los votos y promesas del Bautismo: renunciar a Satanás a sus pompas y a sus obras, y ser fieles a la verdadera Iglesia de Jesucristo.



Pidamos a la Santísima Virgen aparecida en Fátima que nos conceda la gracia de grabar en nuestra memoria y en nuestros corazones la voluntad del buen Dios, dichas y repetidas por Ella misma en Fátima: “Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado”.